"Aquí estoy. Finalmente he llegado viva al día jueves. Día, que en esta semana cualquiera, es bastante singular… (El día y cualquiera)
JUEVES: “Jamón del medio” le llaman por estos lados del Planeta Tierra. Una mersada intelectual, típica de sus habitantes.
En este momento, estoy dentro de un div, en un archivo Word, para dispararle al blog ni bien termine de escribir estas naderías. Aclaro: ni el blog tiene la culpa, ni la tendrá nunca el que me lee, si es que me lee alguna vez. Las andanadas de incongruencias son mi responsabilidad y el blanco soy yo. Nadie más.
Soy yo, aclaro nuevamente, la única responsable de asesinarme las ganas cada día. Es mía la loca obsesión de encontrar respuestas, sólo respuestas, justamente dónde no hay lugar para preguntas.
Creo que mi desapego a los jueves o mi rechazo tal vez, es por la certeza fatal de que la semana llega a su fin. De que ya no hay vuelta atrás, que mañana es viernes y se acabó. Un vuelta a empezar. Y que viene sábado, luego domingo y… ¡otra vez a sufrir!
Menudo lío se me ha hecho con este semanario emocional.

También pensé que la razón, de mí sin razón, comenzó cuando me bajé del sistema laboral. ¡Muerto el perro se acabó la rabia! Y ya no pude controlar mi equilibrio emocional por carecer del medidómetro castrador que acompaña al trabajador mientras dura su jornada.
El jueves pudo haber sido el día en que uno avizoraba el final del yugo opresor. La antesala de la libertad condicionada y yo que sé cuántas otras imbecilidades por el estilo. El jueves se sabía con certeza que ya llegaba viernes. ¡¡Eso es!!
Ya está. Por hoy me alcanza este divague. Está medio desprolijo pero suena coherente. 147 jueves más y a lo mejor le encuentro un sentido más práctico. Hoy no. Hoy me he descerebrado pensando.
Basta yo. Dame un respiro. Estudiá las funciones de la lengua y escribí un poco mejor.
Adiós.
JUEVES: “Jamón del medio” le llaman por estos lados del Planeta Tierra. Una mersada intelectual, típica de sus habitantes.
En este momento, estoy dentro de un div, en un archivo Word, para dispararle al blog ni bien termine de escribir estas naderías. Aclaro: ni el blog tiene la culpa, ni la tendrá nunca el que me lee, si es que me lee alguna vez. Las andanadas de incongruencias son mi responsabilidad y el blanco soy yo. Nadie más.
Soy yo, aclaro nuevamente, la única responsable de asesinarme las ganas cada día. Es mía la loca obsesión de encontrar respuestas, sólo respuestas, justamente dónde no hay lugar para preguntas.
Creo que mi desapego a los jueves o mi rechazo tal vez, es por la certeza fatal de que la semana llega a su fin. De que ya no hay vuelta atrás, que mañana es viernes y se acabó. Un vuelta a empezar. Y que viene sábado, luego domingo y… ¡otra vez a sufrir!
Menudo lío se me ha hecho con este semanario emocional.

También pensé que la razón, de mí sin razón, comenzó cuando me bajé del sistema laboral. ¡Muerto el perro se acabó la rabia! Y ya no pude controlar mi equilibrio emocional por carecer del medidómetro castrador que acompaña al trabajador mientras dura su jornada.
El jueves pudo haber sido el día en que uno avizoraba el final del yugo opresor. La antesala de la libertad condicionada y yo que sé cuántas otras imbecilidades por el estilo. El jueves se sabía con certeza que ya llegaba viernes. ¡¡Eso es!!
Ya está. Por hoy me alcanza este divague. Está medio desprolijo pero suena coherente. 147 jueves más y a lo mejor le encuentro un sentido más práctico. Hoy no. Hoy me he descerebrado pensando.
Basta yo. Dame un respiro. Estudiá las funciones de la lengua y escribí un poco mejor.
Adiós.

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